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Testimonio

Mi abuelo, mi maestro de interculturalidad


Presidenta de Ubuntu Canarias · En memoria de su abuelo

Retrato ilustrado del abuelo de Soraya, rodeado de escenas de convivencia entre culturas y religiones: un apretón de manos entre personas de distintas comunidades, un abuelo leyendo con una niña, un abuelo y un nieto caminando junto a un puente, y un perfil urbano donde conviven una mezquita, una iglesia y una estrella de David

Voces del Mundo: historias en primera persona

En Ubuntu Canarias sabemos que la interculturalidad no siempre se aprende en los libros. Muchas veces se hereda de quienes la vivieron antes que nosotros.

Por eso creamos Voces del Mundo: un espacio donde quienes han vivido esa experiencia —o la han recibido de cerca, como es el caso de hoy— pueden compartirla con sus propias palabras, sin intermediarios, para tender puentes entre culturas.

Ninguna historia habla en nombre de todas las demás. Cada testimonio es único, con su propio contexto y aprendizajes, y es justamente esa pluralidad de voces la que da sentido a este proyecto.

Hoy compartimos el testimonio de Soraya Mohamedi, presidenta de Ubuntu Canarias, que nos habla de su abuelo y de todo lo que aprendió de él sobre respeto, fe y convivencia entre culturas.

Testimonio

Mi abuelo, mi maestro de interculturalidad

Hay personas que no enseñan con palabras. Enseñan con la forma en que viven.

Mi abuelo fue una de ellas.

Tenía una frase que repetía, sencilla y directa: «Donde fueres, haz lo que vieres.» De niña la escuchaba sin darle demasiada importancia. Con el tiempo entendí que no era solo un consejo para adaptarse a un lugar nuevo. Era su manera de entender el respeto: observar antes de juzgar, escuchar antes de opinar, aceptar que cada lugar tiene su propia lógica y su propia dignidad, aunque no coincida con la que uno trae de casa.

Vengo de una familia con raíces en dos culturas, y crecí viendo cómo él se movía entre esos dos mundos sin tensión aparente. No hablaba de interculturalidad como concepto. La vivía sin necesidad de nombrarla.

De él aprendí que la bondad y la rectitud no están reñidas con la firmeza. Que se puede ser amable sin dejar de tener criterio propio. Que ayudar a otro no es un gesto extraordinario, sino algo que simplemente se hace, sin esperar reconocimiento ni devolución. Y que el no juzgar no significa no tener opinión, sino tener la paciencia de conocer antes de sentenciar.

Recuerdo especialmente algo que me decía sobre el respeto a otras religiones y culturas: «Soraya, esto es lo que Allah manda al musulmán, no es solo cosa mía.» No lo vivía como una virtud personal, sino como parte de lo que su fe le pedía. Para él, respetar al otro no era una opción ni un gesto de tolerancia desde arriba. Era una obligación.

Cuando murió, lo entendí con más claridad que nunca. Al entierro fue muchísima gente. Y lo que más me impactó, entonces y ahora al recordarlo, es que entre esa gente había personas de las distintas comunidades que conviven en Melilla: cristianos, musulmanes, hebreos, hindúes. No es algo que se vea con frecuencia. Y no ocurrió por casualidad: mi abuelo era respetado y querido por todos, precisamente por esa manera suya de estar en el mundo, de tratar a cada persona desde la consideración, viniera de donde viniera, creyera en lo que creyera.

Hoy, cuando pienso en lo que significa moverse entre culturas sin perder la propia identidad, pienso en él. En cómo alguien puede pertenecer a más de un lugar a la vez, sin que eso sea una contradicción ni una pérdida.

Y quizás esa sea la lección más importante que me dejó: la interculturalidad no se explica. Se practica, se observa, y se hereda de quienes la vivieron antes que nosotros.

Una mirada para seguir construyendo puentes

En Ubuntu Canarias creemos que testimonios como el de Soraya nos recuerdan que el respeto entre culturas y religiones no siempre se enseña con discursos: a menudo se transmite con el ejemplo, de generación en generación.

Su historia refleja algo que sostenemos como asociación: que la interculturalidad no es una teoría, sino una práctica diaria, hecha de pequeños gestos de consideración hacia quien piensa, cree o vive de forma distinta.

Escuchar estas voces nos invita a mirar la convivencia entre culturas y religiones desde el respeto mutuo y el conocimiento del otro, tal y como la vivió, sin necesidad de nombrarla, el abuelo de Soraya.

Nota editorial. Este testimonio ha sido publicado con la autorización de su autora, Soraya Mohamedi, presidenta de Ubuntu Canarias, en memoria de su abuelo. El contenido refleja exclusivamente la experiencia y las opiniones personales de quien lo firma.

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Cada experiencia aporta una mirada única sobre el mundo. En Voces del Mundo queremos seguir construyendo un espacio donde las personas puedan compartir sus historias, sus culturas y sus aprendizajes para acercarnos unos a otros.

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