Una historia de amor entre dos culturas
Por Elisa Pérez
Socia fundadora y voluntaria de Ubuntu Canarias
Una historia compartida en Voces del Mundo
En Ubuntu Canarias creemos que cada persona tiene una historia que merece ser escuchada.
Con Voces del Mundo queremos abrir un espacio donde las propias personas puedan compartir sus experiencias, sus culturas y sus sueños en primera persona, contribuyendo a una sociedad más abierta, diversa e intercultural.
Las historias que publicamos no pretenden representar la experiencia de todas las personas que las comparten. Cada una refleja una realidad personal, con circunstancias, desafíos y esperanzas propias. Precisamente esa diversidad de voces es la que enriquece este proyecto.
Hoy compartimos el testimonio de Elisa Pérez, socia fundadora y voluntaria de Ubuntu Canarias. Nos cuenta una historia de amor con un hombre turco que empezó con un intercambio de idiomas y que le cambió la forma de mirar otras culturas y otras religiones.
Una historia de amor entre dos culturas
Todo empezó con un intercambio de idiomas
Nos conocimos a través de una aplicación. Él quería aprender español y yo quería aprender turco.
Nunca pensé que lo que comenzó con unos simples mensajes y alguna que otra clase se convertiría en una historia que cambiaría mi forma de ver el mundo. Porque el mundo puede verse de otra manera cuando estás dispuesto a abrirte y a conocer otras culturas, otras formas de entender la vida e incluso otras religiones.
Él es turco y musulmán; yo soy española y no musulmana. Parecíamos pertenecer a dos mundos diferentes. Nos separaban miles de kilómetros, la diferencia de edad, la cultura y la religión.
Al principio no quise ver todos esos obstáculos, porque la ilusión por conocer a esa persona pudo más que la distancia y las diferencias que nos separaban. Fue una historia que, poco a poco, me fue transformando.
El viaje a Turquía
Hasta que llegó el momento de conocerlo. Yo tenía planeado un viaje con mis amigas a Turquía y allí nos vimos por primera vez en persona. Recuerdo los nervios y la emoción de aquellos días. No sabía qué iba a ocurrir ni cuándo tendríamos la oportunidad de volver a vernos, pero sentía que necesitaba descubrirlo.
Cuando llegué a Turquía, todo me pareció nuevo y fascinante. Pude conocerlo a él, pero también ese maravilloso país del que me enamoré. Sus calles, sus paisajes, el sonido del adhan, la llamada a la oración, y la forma en que vivían las personas me hicieron sentir que había entrado en un mundo completamente diferente. Sobre todo, me impresionó la hospitalidad turca, que me recordó que alguna vez aquí, en Canarias, también fuimos así y que esa costumbre se ha ido perdiendo con el tiempo.
Aquel viaje me acercó más a él y también hizo que una parte de mí cambiara poco a poco. Por primera vez pude ver su religión, el islam, con otros ojos. Hasta entonces no había sido capaz de comprenderla de esa manera. A veces no se trata de ignorancia, sino de falta de conocimiento, de miedo a abrirse a la vida y, por qué no, también de miedo al cambio.
Cuando las diferencias se hacen presentes
Pero también comprendí que conocerse de verdad no consiste solo en compartir momentos bonitos. También implica enfrentarse a problemas y diferencias culturales. Lo que para mí era importante, para él no lo era, o al revés. Hablar de nuestras diferencias y escuchar al otro no fue fácil, sobre todo porque yo no dominaba el turco, él no dominaba el español y hablábamos a través de un traductor que, en muchas ocasiones, traducía mal.
Y entonces surgió la pregunta: ¿podía nuestra historia encontrar un lugar entre dos formas de vida tan distintas?
Después de regresar a España, nuestra relación continuó a distancia. Hablábamos todos los días y tratábamos de mantener viva la conexión que habíamos creado. Sin embargo, con el tiempo, las diferencias que antes parecían lejanas comenzaron a hacerse más presentes.
¿Quién se muda?
Cuando empezamos a hablar de matrimonio, nuestra relación dejó de ser solamente cosa de nosotros dos. También entraron en juego su familia, su cultura, lo que pudieran decir los demás y el peso de las expectativas sociales.
Y entonces apareció otra pregunta, todavía más difícil: ¿quién de los dos tendría que mudarse de país para poder construir una vida juntos? Él tendría que dejar Turquía y venir a España, o yo tendría que dejar España para empezar una nueva vida en Turquía. Ya no hablábamos solamente de una relación a distancia, sino de cambiar nuestra vida, nuestro entorno y todo aquello que conocíamos.
Él tenía a su familia en Turquía, sus raíces y la responsabilidad que sentía hacia sus familiares enfermos. Yo tenía mi vida en España y mis propios proyectos. En algún momento contemplamos la posibilidad de que él viniera a España, pero finalmente él no pudo o no quiso.
Para mí, aquella experiencia fue una historia real, algo que viví con ilusión y que dejó huella en mi vida. Si para él significó lo mismo, es algo que pongo en duda.
Lo que aprendí
Fue entonces cuando comprendí que aquella historia me estaba enseñando a ver la vida de otra forma. No solo me estaba ayudando a conocer a otra persona, sino también a conocerme mejor. Me obligó a preguntarme qué quería para mi vida, qué límites no estaba dispuesta a cruzar y qué cosas podía aceptar sin dejar de ser yo misma.
Con el tiempo entendí que no todas las historias están destinadas a durar para siempre. Algunas llegan para enseñarnos, para abrirnos los ojos y para mostrarnos partes de nosotros mismos que desconocíamos. Aquella relación me enseñó que el amor no siempre es suficiente cuando existen diferencias profundas, pero también me enseñó que conocer a alguien de otra cultura puede cambiarte para siempre.
Aunque nuestra historia no tuvo el final que imaginé, siempre recordaré lo que aprendí. Turquía, sus paisajes, su gente y su religión forman parte de una etapa importante de mi vida. Gracias a todo aquello, aprendí a mirar el mundo con menos prejuicios, con más curiosidad y con el corazón un poco más abierto.
Lo que deja una historia
En Ubuntu Canarias creemos que el encuentro entre culturas no siempre es fácil ni tiene finales perfectos, pero casi siempre nos cambia. La historia de Elisa habla de curiosidad, de diferencias que pesan y de aprender a conocerse a una misma a través del otro.
Escuchar estas voces nos ayuda a mirar la diversidad con más honestidad y menos prejuicios.
Nota editorial. Este testimonio ha sido publicado con la autorización de su autora, Elisa Pérez, socia fundadora y voluntaria de Ubuntu Canarias. El contenido refleja exclusivamente la experiencia y las opiniones personales de quien lo firma.

Tu historia también merece ser escuchada.
Cada experiencia aporta una mirada única sobre el mundo. En Voces del Mundo queremos seguir construyendo un espacio donde las personas puedan compartir sus historias, sus culturas y sus aprendizajes para acercarnos unos a otros.